La fundadora de la congregación

Madre María Amada del Niño Jesús, fundadora de las Misioneras Cordimarianas, fue una mujer profundamente espiritual, sensible a las necesidades de su tiempo y con un amor entrañable al Corazón de María. Nació en México y, movida por una fuerte experiencia de fe, consagró su vida a Dios con un deseo ardiente de formar una congregación que viviera el Evangelio al estilo de María: con ternura, disponibilidad y entrega total.

En 1921 fundó la congregación, confiando plenamente en la providencia y con una misión clara: educar, evangelizar y acompañar especialmente a los más necesitados. Su vida se distinguió por la oración constante, la humildad y la capacidad de guiar con firmeza y amor. Su legado perdura hoy en cada comunidad cordimariana, como un ejemplo de fe activa y servicio generoso.