SANTA MARÍA MICAELA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

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Colegio Sor Juana Inés de la Cruz  de Monterrey, A.C.                                                             Jueves 10 de junio, 2021.

VIDA DE SANTOS 

SANTA MARÍA MICAELA DEL

SANTÍSIMO SACRAMENTO. (Virgen † 1865)

(Se celebra el 15 de junio)

SANTA MICAELA

      “¿Quieres ser mi madre? “Así dijo, con ingenuidad y amor, la baronesa María Micaela del Santísimo Sacramento, al verse huérfana de madre, a la Virgen de los Dolores que tenía en su alcoba.

     Ella misma cuenta en su preciosa y sobria Autobiografía, que escribió por obediencia, que a lo largo de su vida pudo apreciar que la Virgen María oyó tal petición ya que sintió siempre su maternal protección.

     El día de Año Nuevo de 1809 nacía en Madrid de los cristianos padres Miguel Desmaisieres, de la nobleza flamenca, y Bernarda López Dicastillo, dama de la reina María Luisa.

     La naturaleza y la gracia fueron muy generosas con la niña Micaela, familia noble y rica, belleza física, padres ejemplares, inteligencia, bondad de corazón… Todo le sonreía. La educación tan esmerada que recibió también fue otro regalo del Señor.

      Cuenta la misma Micaela: “Mi madre nos hacia aprender a planchar y guisar a las tres hermanas que éramos, por lo que pudiera suceder. También teníamos que pintar, bordar, escribir, tocar diversos instrumentos y hacer un sinnúmero de rezos. Todo esto sin descanso, pues era esclava del deber”.

     La caridad, que será el eje de su vida, ya la ejerce desde la más temprana edad. En Guadalajara funda una escuelita para niños pobres y ella es la maestra. Les trae regalos, les enseña a rezar, los lleva a hacer la visita al Santísimo Sacramento, al que también desde niña ama con toda su alma. Ella sabe muy bien que allí está el centro de la vida cristiana y no desperdicia un momento para estar con Él y para llevarle compañía.

     La vizcondesita de Jorbalán se ve obligada a acompañar, a su hermano, Conde de la Vega del Pozo, a París que va como Embajador y también por las ciudades de España. Madrid conoce a esta joven encantadora. Micaela se ve obligada, a pesar de su sinceridad, pues odia el doblez y el engaño, a llevar una doble vida: Por la mañana se entrega a actos de caridad y de piedad: asiste a Misa, reza el rosario, hace oración mental y visita hospitales y enfermos. Por la tarde se ve obligada, muy a pesar suyo, a llevar vida más mundana: asiste al teatro, a reuniones de alta sociedad y debe procurar no desentonar llevando trajes elegantes y collares y pulseras. Pero a ella todo esto la deja insensible y no mancilla su alma.

     No perdía en medio de este mundanal ruido la presencia de Dios en su alma. Ella misma podía sólo afirmar con ingenuidad: “Salía del teatro y los salones sin haber perdido un solo instante la presencia divina”. Y bajo los trajes elegantes llevaba el cilicio.

     No hay duda de que lo que más le ayudó en esta empresa de su propia santificación y en el gozoso apostolado que ejerció a lo largo de toda su vida, fue su gran amor al Santísimo Sacramento del Altar. Escribió en su Autobiografía: “Ofrecí a Jesús enviarle cada día muchos pensamientos amorosos a todos los Sagrarios del mundo, para que tenga amor y mi corazón por compañía”. Para más tenerle presente, añadirá su nombre al suyo, y a sus hijas espirituales les dirá con fuerza: “Hijas mías, que en el amor de Jesús Eucaristía nadie os aventaje”.

     La Caridad, el amor a los pobres, sobre todo a las muchachas que llevan mala vida, es donde ha visto que debe poner los acentos de la nueva fundación que lleva entre manos. Hay que salvar a estas futuras madres que tanto pueden influir en la marcha del mundo. Visita a los apestados. El 24 de agosto de 1865, mártir de la caridad, moría en Valencia afectada por el cólera. Antes había regalado a la Iglesia, un Instituto: Las Adoratrices, Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Oh Dios, que amas a los hombres y concedes

a todos tu perdón, suscita en nosotros un

espíritu de generosidad y de amor que, alimentado

 y fortalecido por la Eucaristía, a imitación

de Santa María Micaela, nos impulse a ayudar

a los más pobres y más necesitados de tu protección,

tanto en lo material como en lo espiritual.

Amén.

<<Que siempre les rodeen

bellos colores, dulzura, paz,

alegría, y nunca les falte

amor y felicidad en

sus corazones.>>

 

¡FELIZ DÍA PARA TODOS!

Madre María Teresa Silva Sandoval

Directora General

Misionera Cordimariana.

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