REFLEXIÓN CORDIMARIANA
Domingo, 10 de mayo 2026.
¡BUENOS DÍAS!
QUERIDAS MAMÁS DE NUESTRA COMUNIDAD EDUCATIVA
Hoy celebramos mucho más que una fecha conmemorativa, celebramos la vida que ustedes cuidan, el amor que ustedes construyen y la fe que ustedes transmiten cada día a cada uno de sus hijos.
Ser Madre no es sólo un rol, es una misión profunda que, junto con la gracia de Dios si nos tomamos de su mano, podemos transformar el mundo desde lo más cercano como es el corazón de cada familia.
Que el encuentro y la comunicación con nuestro Dios sea el ejemplo de vida para cada uno de sus hijos, sembrando en ellos los pilares de fe, esperanza, amor, constancia y fidelidad.
Contemplemos el ejemplo del Corazón Inmaculado de María, símbolo de ternura, fortaleza y amor incondicional.
Que en el corazón de María encontremos un reflejo hermoso de lo que cada mujer debemos ser. Un corazón que ama en silencio, que comprende sin juzgar y que permanece firme incluso en los momentos más difíciles guiando y educando a los hijos con su presencia constante y fuerza silenciosa que sostiene a sus hijos en cada etapa de su vida, madurando y compartiendo la alegría en cada logro como en cada tropiezo de la vida superando los traumas y debilidades.
Como María, ustedes enseñan con el ejemplo, acompañan con paciencia y aman sin medida con un amor sano y fecundo, sostienen, consuelan y levantan cuando el camino se vuelve difícil.
En sus manos de Madres está el sembrar los valores que formarán el futuro de sus familias y por lo tanto de una sociedad humana, honesta, íntegra, sensible y llenas de valores que defiendan a Dios y a la Patria con sus vidas.
Ser Madre es una vocación que refleja el Amor de Dios; en cada gesto cuidado, en cada noche de desvelo, en cada palabra de aliento, haciéndose presente ese amor que no se rinde, que siempre espera y que todo lo transforma. Ustedes son el corazón vivo de sus familias y la luz que guía a las nuevas generaciones por caminos de bien, verdad, esperanza, honestidad y unidad.
Hoy queremos reconocerlas y dar gracias por cada esfuerzo, por cada sacrificio y por cada acto positivo de amor que muchas veces pasa desapercibido, pero que deja huellas profundas y eternas. Que nunca olviden la grandeza de su vocación de ser Madres y la importancia de su presencia y guía de sus hijos chiquitos, medianos y grandes…
Que el Inmaculado Corazón de María las acompañe siempre, llenando su vida de paz, fortaleza y esperanza.
Y que, al igual que la Virgen María, sigan siendo ese corazón que ama, que guía e ilumina y acompañan el corazón de sus hijos y de su matrimonio.
Que Dios las bendiga hoy y siempre.
“Señor, gracias por darme a mi Madre,
por su risa, su fe, su abrazo sincero.
Por cada paso que da con amor y por
cuidarme con tanto esmero.
Protégela siempre con tu luz divina,
llénala de alegría cada mañana.
Que nunca le falte tu compañía,
ni el amor que en su corazón Tú derramas.
Virgen María, que la dulzura de tu corazón,
las acompañe siempre. Amén”.
Madre María Teresa Silva Sandoval
Directora General
Misionera Cordimariana.