REFLEXIÓN CORDIMARIANA
Viernes, 22 de mayo 2026.
REFLEXIÓN CORDIMARIANA
“FIESTA DE PENTECOSTÉS” (Domingo 24 de mayo 2026)
La fiesta de Pentecostés significa “quincuagésimo”, se celebra 50 días después de la Pascua que se le llama “La venida del Espíritu Santo” sobre la Virgen María y los Apóstoles, marcando el nacimiento de la Iglesia y el cumplimiento de la promesa de Jesús.
Este evento, descrito en los Hechos de los Apóstoles 2, trajo viento de fuego (lenguas de fuego) y la capacidad de hablar en otras lenguas, dando a los discípulos valor para proclamar el Evangelio y difundir la fe.
Es una fiesta que concluye el tiempo Pascual resaltando la presencia del Espíritu Santo como guía y fortaleza de la Iglesia.
Originalmente, Pentecostés era una fiesta judía de la cosecha y la entrega de la Ley de Moisés, celebrada 50 días después de la Pascua Judía.
Los Cristianos Católicos reinterpretamos este evento como la “Nueva Ley” entregada por el Espíritu Santo, transformando a los apóstoles temerosos en predicadores valientes.
Un fuerte viento y lenguas de fuego se posaron sobre cada apóstol.
Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, comprendidas por judíos de diversas naciones presentes en Jerusalén.
Este evento impulsó la primera predicación de Pedro, que resultó en la conversión de miles de personas, dando origen a la Iglesia.
LOS SÍMBOLOS DE PENTECOSTÉS
Viento (fuerza invisible)
Fuego (purificación y celo)
Paloma (pureza y paz)
LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO SON 7
Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios que fortalecen la fe y la Misión.
Pentecostés es un llamado a la Iglesia a ser Misionera y a salir al mundo, superando miedos y dudas.
El Espíritu Santo sigue actuando en la Iglesia, guiándola y fortaleciendo a sus líderes y fieles para dar testimonio.
Hay que llenarnos del Espíritu Santo, es una comprensión interior de que Dios nos ama profundamente, una experiencia de su amor, que sabemos que no proviene de nuestra razón, sino de las profundidades del corazón.
El Espíritu Santo revela el amor de Dios como algo personal y privado; es algo que ocurre “en nuestro corazón” (Romanos 5,5). La prueba de este amor se basa en la muerte de Jesús en la Cruz (Rom 5, 6-8). Cuando somos llenos del Espíritu Santo, el hecho histórico de la muerte de Cristo cobra vida en el corazón de cada creyente (Juan 16,14).
El Espíritu Santo obra en nuestro corazón y mente humana convenciéndonos de la verdad, nos guía y fortalece nuestra Fe, nos inspira cosas buenas que nos ayudan y transforman.
Nos ilumina, consuela y desarrolla virtudes en nosotros como: el amor, la paz y el dominio propio de nuestro entendimiento, revelándonos con claridad el discernir entre el bien y el mal, y renueva los pensamientos para alinearlos con una perspectiva espiritual.
Es el consolador que infunde esperanza y el amor de Dios en el interior de nuestro corazón.
Él es el que nos capacita para adquirir las Virtudes, rechazar los vicios e impulsos negativos como la envidia, el egoísmo, el mal carácter, etc., con los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y templanza. Claro si se lo pedimos y trabajamos por nuestra conversión personal.
“Espíritu Santo, fuente de luz y de paz,
vengo hoy ante Ti reconociendo mi necesidad
de cambio de vida, de trabajar por mi conversión.
Envía tu luz divina a lo más profundo de
mi alma. Ilumina mi entendimiento para
reconocer mis errores, sana mi corazón.
Dame la fuerza de voluntad para alejarme de
las tentaciones y la sabiduría para discernir
siempre el camino recto. Ayúdame a desprenderme
de mi egoísmo y apegos, para que mi vida
la transformes según la voluntad de Dios.
Dame la gracia de una conversión constante
para vivir cada día más cerca del amor de Cristo.
Amén”.
Madre María Teresa Silva Sandoval
Directora General Misionera Cordimariana.